Análisis de la marcha

La historia del análisis de la marcha

Las primeras indicaciones que muestran el interés en el análisis de la marcha son de la era de Aristóteles (384-322 a. C.). En su obra sobre el movimiento de los animales, Aristóteles debatió/señaló la diferencia entre la marcha de los humanos y la de los animales. Había descubierto que cuando un hombre camina sobre el suelo a lo largo de una pared con una caña impregnada en tinta sujeta a la cabeza, la línea no era recta, sino en zigzag. Aunque esta observación fuese cierta, se sabe que el resto de sus conjeturas relacionadas eran falsas. No fue hasta el Renacimiento cuando la ciencia y las matemáticas comenzaron a desarrollarse con coherencia y se hicieron fundamentales para el análisis moderno de la marcha. Las primeras ilustraciones datan de 1836 y poco después se hicieron las primeras fotos para capturar la marcha. En 1930, comenzó el desarrollo de la plataforma de fuerza, que hoy en día desempeña un papel importante en el análisis de la marcha. El análisis de la marcha ha sido durante mucho tiempo solo una herramienta de investigación, pero en las últimas décadas se ha implantado cada vez más en la práctica clínica.

Análisis de la marcha

La marcha se puede definir como cualquier método de locomoción que se caracteriza por periodos de carga y descarga de las extremidades. Esto incluye correr, saltar, etc., pero caminar es el tipo de marcha que más se usa, que proporciona independencia y se usa para muchas actividades diarias. El análisis se puede definir como una exploración y evaluación sistemáticas de los datos o la información, al dividirla en partes para descubrir sus interrelaciones. Esto nos lleva a la siguiente definición del análisis de la marcha: la exploración sistemática del movimiento humano, mediante el ojo y el cerebro de los observadores, aumentado con herramientas para medir los movimientos corporales, la mecánica del cuerpo y la actividad de los músculos.

 

El mayor reto para entender la marcha es que la llevamos a cabo sin esfuerzo y de forma subconsciente, por lo que es difícil apreciar las grandes complejidades que implica. La versatilidad funcional permite que las extremidades inferiores se adapten a las superficies cambiantes, escaleras, puertas y otros obstáculos. La eficacia en estas adaptaciones depende de la libertad de la movilidad articular y la actividad muscular. Para las personas con dificultades en la movilidad articular y la actividad muscular durante la marcha (independientemente del motivo), estas adaptaciones necesarias no se dan por hecho. Esto afecta en mayor o menor medida a muchas actividades diarias a todos los niveles: laboral, domésrico, social y deportivo.

 

Identificar la disfunción en la marcha requiere la capacidad de reconocer desviaciones obvias y sutiles y el conocimiento de cómo interpretar las observaciones. El ojo entrenado del médico practicante es la mejor forma de hacerlo y permite evaluar el problema en cualquier momento en cualquier entorno. Pero, en el caso de los análisis de la marcha más complejos, se necesita un laboratorio. Esto conlleva más precisión, una forma más sencilla de revisar la forma de caminar y facilita información que no se puede obtener a la vista (el vector de fuerza y la actividad muscular). En estos laboratorios de la marcha, se registran los datos y se analiza la marcha patológica. La función normal es el modelo frente al cual se juzga la discapacidad. Las desviaciones del patrón normal de caminar junto con una exploración física definen los problemas funcionales que deben tratarse.

 

Los pacientes hacen compensaciones donde es posible, aceptando las reacciones compensatorias que provocan una mezcla de movimientos normales y anormales mientras caminan. El médico debe ser capaz de descubrir la causa y el efecto para saber cuál sería el mejor tratamiento. Con el sistema clínico de análisis del movimiento (CMAX) de Lode, un médico puede realizar un análisis de la marcha normalizado con cámaras de vídeo fijas, una plataforma de fuerza y una electromiografía (EMG). Con los datos recogidos, el médico puede ver con detenimiento el patrón de la marcha al pasar por las fases de la marcha paso a paso y al haber sincronizado los datos de la plataforma de fuerza y de la EMG como información adicional para llegar a las conclusiones y al tratamiento correctos.

 

El análisis de la marcha se usa sobre todo para evaluar y tratar a individuos con enfermedades que afectan a su capacidad de caminar. Además, se usa habitualmente en la biomecánica deportiva para ayudar a los atletas a correr de forma más eficiente y para identificar los problemas relacionados con la postura o el movimiento en las personas con lesiones.

Aplicaciones

El CMAX se usa sobre todo en centros de rehabilitación o departamentos de rehabilitación de los hospitales. Muchas enfermedades provocan problemas para caminar y, debido al gran impacto en la actividad diaria, muchos pacientes llegan al departamento de rehabilitación con preguntas relacionadas con su incapacidad para caminar como hacían antes. Se quejan de la fatiga, el aumento de las caídas, la pérdida de independencia o la incapacidad para realizar actividades que efectuaban antes, como comprar o practicar deporte.

 

Pueden ser pacientes con enfermedades neurológicas como la parálisis cerebral, lesión de médula espinal, lesión cerebral traumática, apoplejía o enfermedades (neuro)musculares, pero también se trata de pacientes con antecedentes ortopédicos como amputaciones, enfermedades degenerativas de las articulaciones o un patrón complejo de traumatismo mixto. Todos estos pacientes se pueden beneficiar de un análisis de la marcha.